Los miembros de la orden de la Madre Teresa frecuentan la estación. Habían tratado una y otra vez de rescatar a Minuti de aquel mundo de miseria. Sus intentos habían resultado siempre infructuosos. La joven se había negado siempre a acompañarlos. Nunca aceptaba que se le acercaran. Huía de ellos. ¡Quién sabe qué malos tratos y violencias habría sufrido en su desamparo! Casi dados por vencidos, los miembros de la compañía de la Madre Teresa dijeron a Izaskun, una de las fundadoras de la ONG Calcuta Ondoan: «Ve tú, a ver si a ti te escucha y te obedece» -porque obedecer viene de “audire”, es decir, oír y escuchar-.
Fue Izaskun al encuentro de aquella mujer. La tocó con delicadeza en el brazo. A su caricia, Minuti reaccionó a la defensiva. Hizo un gesto de arrojarle una piedra. No se fiaba. Había aprendido que la proximidad de cualquiera significaba una agresión. Se sintió en peligro. Aun queriendo, nadie podía ayudar a aquella mujer. Minuti estaba dominada por el pánico. Una vez más iban a perderla.
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